Hay muchas –diría que infinitas– formas de interesarse por la política y no participando de la misma manera. Nunca logré entender cómo después de celebradas las elecciones todos los participantes  ganaban.  Pero después de estas pasadas, por primera vez he visto asumir la derrota. Digno. Muy digno.

Inicié este   artículo el día de reflexión. Y ese  día deseé suerte a todos los candidatos que son mis amigos. Y desee que ganaran todos . Y me puse en su lugar. Sobre todo en el lugar de los que no tienen otro medio de vida más que ser político. Y estaban temblando.

En el pasado viví días como los de la noche antes.  Todos me  respondieron amablemente. Todos, menos uno. Allá él. Y así le fue. Y como ya he dejado dicho en algún que otro artículo: hasta un átomo hace sombra. Y todos los átomos son importantes aunque algunos hacen más sombra que otros. Caprichos de la Ley Electoral que dan 3 con 4.000. De votos y electos hablo. La isla… la pone el lector.

Todos los que  han participado para ser elegidos –eso que se llama sufragio pasivo– saben que sus proyectos –programas políticos– saldrán adelante en colaboración con los otros. A esto se les llama pactos y todos querrán y quieren ser jefes de la manada. En política se debe estar preparado para el compromiso y para dar por bueno cosas que particularmente no lo harías en tu esfera particular. La política no es ser juez. En la política no se imparte justicia.

En estas elecciones se ha votado por exclusión y a mucho imberbe, que no le han dejado ni posibilitado la participación en  los grandes partidos, blindados sólo para los que ellos deciden. Esta nueva generación de políticos  se han montado en el tren que  pasaba. Con independencia del vagón. Eso da igual. Muy preparados en sus currículos pero con escaso conocimiento del medio; ya lo adquirirán a través de  sus nuevos asesores. Al tiempo.

Hace tiempo que analizo los cambios y movimientos de convencidos defensores de unas siglas, que se pasan a otra –lo que conocemos por cambio de chaqueta–. Sorprendería  los que empezaron en la derecha y acabaron en la izquierda o viceversa. Incluso en el centro. Por eso muchos de los que ahora convencen de blanco los veremos intentando convencernos de negro,  naranja o morado, amarillo o lo que le convenga a él en ese momento; lo importante es el echadero.

He palpado en directo algún que otro acto de campaña; he estado en actos de todos los colores que se presentan. Y tengo anécdotas magníficas para ilustrar más de una crónica semanal.

Entiendo que hoy, después del 24, el que mejores dotes de negociación tenga, será el que gobierne, pues los programas sin apoyos no llegarán a nada. Y en eso se convertirán nuestras instituciones y  organización política ahora; en dotes de negociación.

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