Suena a algo que diría un Juez en una película americana mientras da un martillazo en la mesa, ¿verdad? O por lo menos a mí siempre me ha sonado así, y eso que llevo años estudiando esta figura jurídica y viendo su funcionamiento en los tribunales.

Pero bien, ¿qué significa la cosa juzgada en nuestro ordenamiento jurídico? Pues hablando de la forma más clara y coloquial posible, se da cuando ya se ha juzgado la misma cuestión con las mismas partes y existe una sentencia firme al respecto.

Es decir, por poner un ejemplo, yo quiero reclamarle a pepito 3.000 euros, interpongo procedimiento y el juez decide que no tengo la razón y dicta Sentencia, no interpongo recurso, o incluso interponiéndolo siguen sin darme la razón, pues lo que no puedo hacer es volver a interponer una reclamación por los mismos 3.000 euros contra “pepito” otra vez, eso es lo que es la cosa juzgada.

Ahora bien, plateado de esta manera parece muy injusto, pero es que cuando se dicta una Sentencia existen otros métodos de manifestar nuestra contrariedad con la misma, estos son los recursos.

Si nos detenemos a pensar en frio y objetivamente, la cosa juzgada o la res iudicata – dicho en latín suena incluso más imponente- tiene todo el sentido del mundo, porque sería un gran desperdicio de nuestros recursos humanos y en contra de toda economía procesal, repetir eternamente un mismo procedimiento.

Así, la cuestión y lo que nosotros recomendamos a nuestros clientes, es recurrir –en tiempo y forma-  en caso de inconformidad, pero en ningún caso nos parece conveniente activar todo el entramado judicial por un mero capricho.

En todo caso y si te lo estas planteando, te recordamos siempre  tengas presente las tan temidas costas judiciales.

 

 

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