Tengo unas letras escritas más abajo que han estado a punto de desaparecer de este artículo de hoy. ¿El motivo? La eliminación del término imputado. Que, como dice mi amigo Blasun “chorizo” lo es se denomine como se quiera. Es decir, que el cambio de denominación no cambia el comportamiento.

La verdad y haciendo gala de sinceridad, nunca ha sido de mi agrado, esa palabra. Ni esa ni otras que aún siguen.

Pero de eso, del lenguaje jurídico, trataban aquellas columnas dominicales  –ya desaparecidas–, en tiempos de  don José Rodríguez, q.e.p.d., en las que analicé términos que ya, por hoy, son historia. Aunque la ausencia es otra forma de sorprendernos.

En cualquier caso, voy a disfrutar  esta semana como espectador. Voy a observar  y analizar el impacto del cambio de la nueva modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal decimonónica, en el ambiente de los tribunales y cuentistas de listas electorales y a contar cuántos de ellos modifican  o rectifican sus programas electorales.  Aunque bien es cierto que no irán imputados en las listas.  Ya no. Pero qué listos.

Así que, mientras espero, les dejo las letras que tenía para esta semana.

Hace unos días, un amigo me mandó por el “cara de libro” –Facebook– un asunto sobre los trepas. No he soportado nunca a esta clase de ciudadanos. Ni a los trepas, ni a los pelotas, ni a los babosos, a ninguno de esos. Esos semejantes que no te dicen las cosas a la cara  y por delante. Cierto que está reconocido como comportamiento social, pero mientras mas lejos mejor.

En política suelen proliferar y ahí, ya se sabe,  las cosas se hacen en  y por la espalda.

Hace muchos, muchos años, cuando decidí ejercer la política por la cara A, un gran amigo  –Hugo–, me comentó:  Juanen política tiene las dos manos siempre ocupadas, una con  un  cuchillo y la otra un bote de vaselina, todos los días usa uno  de los dos.

Dejé la política hace ya algún tiempo y ahora mismo estoy en la cara B. Pero en política, siempre.  Y entre otras cosas me permite  que mis manos estén libres y la cabeza mas ocupada.

En política, cuando se asciende en la jerarquía, se empiezan a convencer –aunque lo nieguen– de que su poder dura para siempre, que son inmortales y el sentido común se les empieza a escapar de la sesera y dejan de ser conscientes de su mortalidad. Ese complejo lo sufrió Cesar Octavio Augusto. Y ahora nos toca ver desde la barrera a los Césares a los Octavios y a los Augustos. Me encantan estas jornadas de mitinistas y de hacedores mágicos.  Yo me lo paso divinamente viendo la pelea  por  llegar a la silla curul, como sea y a costa de lo que y quién sea.

Comienza el trepismo –otro día les hablaré del coding–, cuya definición no me atrevo hoy a consolidar aquí. Pero el trepismo es una especie de pisoteo al compañero de al lado para subir a costa de lo que haga falta. Acumular diferentes fuentes de poder; y para conseguirlo,  todo,  todo vale.

Es muy poco usual que se ascienda por valía personal; lo normal es que se posicionen con otras medidas. Lazos de sangre o políticos hacen que la subida en el escalón de mando valga más que cualquier curriculum vitae.

Y –amables lectores–, cuando se comienza  la acumulación de poder suelen surgir los pelotas y trepas que pululan por alrededor, esperando estos indicaciones para actuar. Solo hay que mirarles a la cara cuando están junto a sus líderes.

Sin duda, convencido estoy que  el tiempo nos traerá el cambio, con las listas abiertas.

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