Con ocasión del último criterio que, aparentemente, ha adoptado el Tribunal Supremo en referencia a las denuncias falsas, cuando suceden dentro del ámbito de la violencia de género, esta vez parece que aparentemente, reitero, se pretende que se endurezcan las condenas por denuncias falsas en las que el hombre se ve inmerso en el océano policial, judicial y social hasta el punto de ser juzgado por un hecho que no ocurrió, es decir, falso.

Aparentemente el gran tribunal ha realizado un ejercicio de arquitectura procesal para llegar a la conclusión de sustituir la condena de multa a la autora de la falsedad por otra condena, en este caso de prisión.

Para que esto suceda, en primer lugar debe existir la denuncia por violencia doméstica, después va seguido de todo el protocolo que la misma conlleva, es decir, detención y a veces hasta ingreso en prisión como medida cautelar, y después de la instrucción de la causa -en eso que se le llama diligencias previas- se debe culminar en un Juzgado de lo Penal, con la ratificación de la denuncia por parte de la víctima el día señalado para el juicio y todo ello a presencia de su señoría ilustrísima y hasta delante del Ministerio Fiscal. Casi nada para alguien que no ha pasado jamás por una cosa de esas. Y después de toda esa estructura y peaje judicial, que quede en nada y finalice con una sentencia absolutoria, que dictará el Juzgado de lo Penal.

Tengan en cuenta que esa sentencia admite que se recurra en apelación y así llegaremos hasta la Audiencia Provincial, para que devengue firme, quiero decir, que no se pueda recurrir mas, al menos a lo que recursos ordinarios se refiere.

Cuando todo esto sucede y la Audiencia confirma la Sentencia absolutoria que dictó el Juzgado de lo Penal, es posible que estemos aparentemente o presuntamente ante una denuncia falsa, es decir, que todo se desencadenó por algo que no existió.

Cuando todo esto pasa, es posible que el sujeto que fue sometido a todo el proceso pueda pensar en iniciar una denuncia por denuncia falsa.

En estos casos los bienes jurídicos (libertad, honor, reputación, salud?) del que fue denunciado falsamente, fueron expuestos y dañados por una conducta de la denunciante o presunta víctima de violencia que con el devenir de los tiempos se descubrió que era falsa. O lo que dice mi amigo Jen Ciao “cuando baja la marea se ve quién estaba desnudo”.

En cuanto a denunciar estos hechos por denuncia falsa, el proceso es el mismo, es decir, denunciar por parte del hombre que la sufrió, diligencias previas en fase de instrucción, plenario en el Juzgado de lo Penal y Sentencia de condena que de seguro será recurrida ante la Audiencia Provincial.

Lo que está ocurriendo es que las condenas de las audiencias provinciales en estos casos -cuando las hay- son leves, nimias e irrisorias. Por lo que quiero entender que el Tribunal Supremo busca un equilibrio fijando un nuevo criterio donde indica el camino que debe seguir el reproche penal en los casos de quien denuncie falsamente en asuntos de violencia de genero.

El caso en que se basó el Supremo se repite en muchos juzgados de la geografía del reino, fue uno de tantos donde la fiscalía no acusó y si lo hizo la acusación particular que representaba la víctima, donde reclamaba pena de prisión para el varón, además de otras accesorias y una cuantiosa indemnización. En ese caso el acusado no tuvo más remedio que comparecer ante el Juzgado que lo juzgó y tras pasar la vía de los recursos y el agotamiento y peregrinaje judicial, fue absuelto.

Cuando ocurre esto la opción es iniciar acciones por denuncia falsa, que la mayoría, ya os cuento, no prosperan. Pero no hay otra vía. En caso que prosperen esas denuncias suelen acabar con pena de multa.

Pero lo que ahora nos quiere decir el Supremo es que pueden acabar con pena de prisión.

Lo bueno es que el alto tribunal se moja para dignificar la labor social y de depuración de las víctimas reales y no las que usan el sistema a modo instrumental.

@juaninurria

Enlace a la noticia: https://www.laopinion.es/opinion/2019/02/03/denuncia-falsa/950090.html

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