Cuando ejerces de abogado te tienes que acostumbrar, además de a llevar la toga  y ponértela en algún que otro momento, a que tu familia, vecinos, amigos y el resto de la comunidad se piensen que eres un googleandante y que eres experto en todas las ramas del derecho. Y que en cualquier lugar que te pillen te preguntan, y en la mayoría  de los casos te exigen respuesta y solución de inmediato.

Con los años te acostumbras. Aunque tengo  en la memoria  una anécdota muy buena que contaré otro día. Y que me ocurrió hace muchos años en el Kiosco Lucas en las Teresitas. Pero  ahora no tengo ganas de escribir tanto, pero sí de contar esto que os escribo a continuación.

Tengo amiguetes y cada vez más de estos que se dedican al mundo de la alta cocina y una vez que otra me han preguntado que si sus magníficos platos y creaciones tienen derecho de autor. Sobre todo ahora que hay revistas culinarias que sacan sus creaciones y esto les esta asustando.

– Uff… ¿derecho de autor un rabo de toro con salsa de lapas?, ¿o unas costillas con papas y mus de cilantro con ahumado de drago…?

Lo cierto es que fruncí el ceño. Me arrugué. Pero me hizo pensar. Como casi todo.

Y aproveche una de las salidas a la capital del Reino y allí, en la Gran Vía, en el Centro Cultural de los Ejércitos, coincidí con un magnifico amigo y jurista que colabora con alguien que escribe sobre temas de propiedad intelectual y marcas. Y  aproveché y le pregunté sobre el derecho de autor de los platos de alta cocina. Efímeras obras de arte. Este amigo,  me contó lo que aquí resumo.

Estimado Juan:

Aquí en este Reino (España) hoy en día no hay norma que proteja la propiedad creativa o intelectual  de un plato culinario o de alta cocina.  Lo que sí podremos  hacer, o intentar al menos, es proteger la técnica o instrumento que emplea el  autor –cocinero casi siempre–  en el proceso de creación de un plato, pero para eso tenemos que analizarlo con la Ley de Patentes en la mano y eso ahora no lo vamos a hacer.

Lo mejor es  proteger y patentar  la herramienta  o la técnica que hemos usado para elaborar el  plato. Y si  en el futuro hay alguien que lo imite, pues nos contratan a nosotros y ejercitamos la acción de competencia desleal que ya abunda en este mundo culinario. Pues la reputación y el prestigio del creador se puede ver tremendamente dañada por el mal uso de su invento, que no es otro que la herramienta que usa para llegar a la creación.

Así que ya saben, amigos cocineros-creadores del mundo del yantar. Cuando creen un plato háganlo creando al mismo tiempo la herramienta o una técnica exclusiva. Pues sí  que se pueden proteger esas obras de arte que  después nosotros degustamos.

El arte de los platos

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