En los meses que han pasado –casi 12 de este 2014–  se han producido algunos acontecimientos que auguran un posible cambio. Nos conviene recordar que los cambios los traen las revoluciones y es posible que hubiera una pequeña revolución social política o político social en este 2014 que nos deja.

La primera revolución –realmente social– en la historia reciente fue la del siglo XVII en Inglaterra; a partir de ese momento histórico, el ciudadano y el poder –en este caso el rey– serían iguales ante el poder de la Ley.  A este jaleo social, le siguió Estados Unidos –China aún no era experta en plagios–.

Hoy  sigo pensando que  la mayor de todas las desigualdades siempre  ha sido la desigualdad del Estado frente al ciudadano. A modo de ejemplo: el Estado puede difundir secretos, establecer el modo, la forma, el cómo y  el cuándo esa  información se puede poner  en conocimiento de la opinión pública.

Y este país, para corregir, lo único que crea son leyes y mas leyes, pero  en modo alguno ha conseguido reducir la desigualdad. Pero sí consiguen sus gobernantes que sintamos la intervención inquisitiva y cansina de la Administración en todos los órdenes de nuestra vida cotidiana. En todos. Y vendrán más y más leyes.

Aparentemente se están abordando reformas para disminuir  los atropellos de las libertades individuales y los cuantiosos dispendios económicos que genera disponer de ciertos niveles de administración que, en apariencia,  se  deben traducir en  altos niveles de eficacia. Y esto en modo alguno ocurre.

De todas formas, a más administración más gastos y nunca se traducen en mejores ni más servicios. Pero sí en más sueldos para los altos cargos. Recordemos que en los últimos años no hacemos más que escuchar asuntos de prácticas corruptas, donde se teatralizan los casos de corrupción, en lugar de aplicar medidas reales que permitan el  saneamiento del sistema. Y conforme se acerque mayo del 2015, más actores tendremos en el teatro de la corrupción /imputación.

Por lo que respecta a este reino, ha sido tradición que estemos más preocupados por la diferencia de clases y de opción política que profesamos que por la libertad individual y la justicia social. Por eso es necesario el cambio o modificación sustancial –diría yo- . Y esto en modo alguno ocurre, ni observo movimientos en este sentido. Aquí todos quieren ser el más listo de la clase. Y de listos estamos hasta la coronilla.

Hacen falta líderes que se atrevan con la reformas. Y con mucha frecuencia siguen mandando los que saben muchísimo menos que sus aduladores votantes y que, en repetidos casos, no han sido elegidos por la mayoría. Pero así está el sistema.

La fórmula en que se escudan para conseguirlo se llama así: pactos. Para gobernar sin mayoría. Hoy se ha vuelto frecuente que gobiernen los partidos que obtengan menos, y, con la que se avecina, esto es lo que ocurrirá en el futuro con el otro partido que ha entrado en la escena política de España. Así que esperen y verán que el que menos votos  ha obtenido es el que se hace con el gobierno de lo que toque.

Por ello los ciudadanos seguiremos siendo el vivero del que se nutre el sistema actual, enmarañado por tanta Administración, que es el verdadero   depredador. Esa que crea leyes y más leyes, que carecen de imperio para ejecutarla. Esa que crea más Administración, más cargos y fórmulas  “bobas” para calmarnos, como ese portal transparente que acaban de crear por 300.000 euros, donde podemos conocer lo que ya sabíamos, lo que cobran. Ese portal, especie de “gran hermano”, que jamás nos mostrara lo que hay debajo de la manta.

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