Hay  hábitos  que se adquieren desde la infancia y después se ponen en práctica en el vivir cotidiano. Y lo que suele ocurrir es que ese hábito lo pones en práctica en cualquier lugar.

A la hora de educar a mis hijos me sorprendía la capacidad de uno de ellos  de hacer la tarea mientras miraba a  la tele, tomaba la merienda, jugaba con la “Nintendo” y charlaba con su tía. Mientras tanto  llenaba de letras el cuaderno y pasaba hojas del libro. La tarea la terminaba perfecta.

Un día intente cambiar su hábito y no funcionó, más de tres horas tardó en salir de la habitación de estudio mirándome como el hombre más malo del universo.

Aún no he conocido al niño que se resista a la tentación de pensar en otra cosa mientras hace la tarea. Aunque sea ver cómo se viste una mosca. Así amplían el repertorio de posibilidades para desarrollar en su vida de adulto. Habilidades y costumbres para el resto de sus vidas.

Por referirme a algo, a modo de ejemplo,  es lo que le pasa cuando el taxista que te va contando su vida, mientras atiende al tráfico, se concentra  en la calle donde te apeas y mientras tanto responde a la emisora y saca la cabeza por la ventanilla para saludar al compañero. Pero al final llegas a tu lugar.

Es lo que le pasa a la cajera del “merca doña”, que mientras está pasando la compra por la cinta anda pendiente de si su compañera está reponiendo, si la otra empleada de al lado lleva muchas horas de pie, o si el coche de Nereyda tiene seguro. Y le va explicando a su amiga de la caja 5  cómo le han esculpido las uñas en la peluquería de su amiga Guasy.

Es  lo que le pasa a sus señorías cuando echan una cabezadita mientras tú estás concluyendo el informe final, o se ponen a enviar un whatsapp para que la filipina no se olvide de poner la lavadora a las 12. Y es lo que pasa en el Congreso del Reino, que mientras hablan de cosas de ellos tú juegas con la tablet a lo que te da la gana.

Y este es un  hábito repetido y asumido sobre el que en otras ocasiones ya he escrito  y a cuyos artículos antiguos me remito. Está asumido que la costumbre se convierte en ley y es ésta la ley que está imperando en los  foros del Reino, locales e insulares. El poder de las tablets y las smart phones.

¿Cuantas veces sus señorías del poder legislativo y ejecutivo están más pendientes del emoticono que de lo que esta informando su compañero? Había un ministro que se dedicaba a dibujar caricaturas mientras asistía a las sesiones del congreso. Y no pasaba nada. ¿Quién, en sus días de estudiante, no se ponía a dibujar monigotes en un papel mientras escuchaba la charla docta del catedrático?

Estas cosillas de andar por casa se quedan en anécdotas, pero de poco o nada sirven para recuperar la confianza de los habitantes del Reino; y menos después de oír el Y TU MÁS, durante el debate entre el guapo y el soso.

Se está más pendiente de nimiedades que de lo que realmente importa, y es ahí donde considero que hay que poner el foco, tanto informativo como didáctico. Lo demás no tiene importancia.  Lo que echo de menos es el verdadero espíritu de informar; pero esto supone un verdadero esfuerzo.

Comparte.
1
Hola
¿En qué podemos ayudarle?
Powered by