A mí, que me gusta ser libre, me gusta ejercerla –la libertad– y la ejerzo  hoy y ahora aquí. En este caso  la libertad de  expresión. Es una maravilla. No me limitan nada y por nada. Lo contrario de lo que les  pasa a los que pagan echaderos. Allá cada cual. Diría don Antonio: “El hombre se viste por los pies” Y yo sigo eligiendo los trajes que me pongo: el color y lo que me da la gana. Aunque me equivoque, pero los elijo yo.

Cosa esta –la de ejercer libertad– que molesta. Y mucho. Sobre todo  a los que se visten con los trajes que otros le dejan en los armarios. Problema de cada cual. Y así de mal le quedan –los trajes–,  pero se ponen lo que le dicen y sin rechistar; de lo contrario no sales ni en el “selfie”  de Navidad. Lo dicho.

Desde que lo hago –escribir en este espacio– estoy más investigado y hasta me han avisado:

–¡Ojo con lo que escribes!

Créanme que no lo entendí como una amenaza –y menos de quien me lo espetó–. Hasta para clavar cuchillos hay que tener estilo. Y no digamos para amenazar.

Pero asumo que desde que aquí escribo,  tengo más enemigos o menos amigos –si es que antes los tenía–. Y es que  me muevo en territorio hostil. Y eso ocurre cuando  opinas y  lo dejas escrito. Ocurre por tener criterio y  también ocurre porque ustedes, amables lectores, me leen. Porque conozcan. Esto aterroriza a los que esconden y se esconden.

Yo no sé pastar. No soy rumiante. La caza es lo mío. Aunque hay gacelas que corren mucho, lo reconozco. Pero ejercer la libertad tiene esto y también aquello. Y yo, que nunca escribo de nadie, siempre lo hago de todo. Con absoluto respeto. Con esto tan simple se construye opinión y se genera debate y, a veces, se sacuden conciencias. Es necesario.

Es lo bueno de escribir en y con libertad; de todo. Aunque de modo inevitable te arrastre envidias. Pero esto es como abrir la caja de los trastos de la Navidad pasada: te encuentras las luces y empiezas a tirar y detrás viene otra y otra y otra. Es inevitable. Lo asumo. Y hasta me gusta. Y hay cosas tan evidentes que por evidentes no las veo. Y no veo las envidias, ni la gente mala. Menos en estas fechas.

Y es lo que me pasa, no quiero ver hipocresía ni piratas en las felicitaciones de Navidad y de año nuevo; quiero ver  y veo a mis amigos y que seguimos avanzando y contando con el valor más preciado, la confianza de todos ustedes. La confianza de los que me leen, de los que nos contratan, de los que me hablan, de los que me critican, de los que no me soportan.

Sirva aquí esta oda, para desearos a todos los que me han leído hasta aquí un magnifico año nuevo.

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