Estoy convencido de que si los animales pudieran tomar conocimiento de lo que dicen algunos, ni por asomo los querrían tener como defensores”. Esta frase es de mi amigo José María Lora y es también la conclusión de una brillantísima reflexión en su Facebook a colación de las aberraciones que han escrito algunos seres humanos, a modo de pensamiento, en las redes sociales, con ocasión del fallecimiento de un trabajador en el desarrollo de su labor; esta labor era la de ser torero. Este amigo se manifiesta anti taurino. Y espero no molestarle por citarlo.

Yo no.  Yo soy seguidor del arte de la tauromaquia  y fui conocedor de la muerte del torero  casi al instante.  Minutos antes  de que las redes sociales pudieran hacerse eco de tal desenlace. Y me recordó a la muerte de otro ilustre del arte de la muleta, “El Yiyo”. Por gran suerte tengo familiares y amigos en el mundo del toro. Y quizás por esto y por lo otro soy más conocedor de este entorno. Y profeso una profunda admiración por los toreros, banderilleros, monosabios, alguaciles y todo lo que los rodea.

Las opiniones irrespetuosas con ocasión de la muerte de un torero me han desconcertado y, sobre todo, por el nivel al que se ha llegado en esta sociedad. Es aberrante. Aquí vale todo y –en apariencia–  nunca pasa nada. Ya se arreglará en los juzgados. Cientos de profesionales del derecho se ofrecen a los familiares de la victima  para la defensa del honor herido. Yo hoy aquí no entro. Eso que se llama correr detrás de la víctima. Como lo que he vivido estos días, en  carne propia, en los aeropuertos patrios.  Compañeros ofreciendo sus servicios con ocasión del caos con el caso “Vueling”. De vergüenza.  Pero aquí recordé al inspector  Santiago cuando me decía:  “Mi niño, todos tienen que comer”.

Pero, al grano. Parece ser que se están tomando medidas legales contra aquellos que  se han burlado del fallecimiento del torero.  Cierto y evidente que se han usado las redes sociales y con publicidad manifiesta para dejar la opinión escrita; y el Código Penal hoy prevé estos comportamientos como delito, pudiendo encuadrarlo entre injurias o calumnias. Estoy convencido de que la unidad tecnológica de la policía del Reino esta investigando y la Fiscalía actuará de oficio. Digo yo.

Amenazar no es nuevo, no lo es reírse, burlarse y mofarse de la desgracia ajena. Lo novedoso es que se usen  las redes sociales para esto. La reforma del Código Penal  que entró en vigor en julio pasado dio cabida a estos  fenómenos y, sobre todo, a las conductas de verdaderos delincuentes que  se amparan en las redes para llevar a cabo la actividad delictiva. Lo seguro es que al juzgado llegará algo a modo de denuncia y ya estaremos expectantes, si hay honor; pues derecho si que hay.

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