Lo hermoso que tenían las bibliotecas era su silencio. Esto ha dejado de existir. A no ser que te marches a la biblioteca de Dublín o la Peabody. En ellas,  tan solo con que  tus  pensamientos  hagan  ruido es motivo suficiente para que  un amable  señor te suguiera que debes abandonar la estancia.  Please, Sir……Pero nos pilla algo lejos.

Aquí,  en esos lugares de sacro silencio –como eran las guardadoras de libros–, escuchas toda clase de ruidos. Sobre todo los unidos a la tecnología, seguidos – a veces–  de un perdón, lo siento, disculpe. Para huir de ella –de la tecnología– y de tanto tonto y tanto listo, estos  pasados días de recogimiento los he pasado en un magnífico lugar de silencio. Al aire libre.

Allí fui a  conectar con el silencio. Si, como lo leen. Fui a conectar –no soporto eso de desconectar–,  palabra que usan todos los simples para hacer ver que están muy ocupados, estresados, cansados o hartos. Así que –conectado con el silencio–  me sirvió para poner en orden ideas de mi próximo libro y sacar del camarote alguna que otra que permanecía varada para el próximo evento electoral. Toca la hora del baile.

Benditas elecciones, que hacen que durante unos días –en apariencia– los habitantes del Reino tengamos la sartén por el mango. Así que podemos votar y botar.  Y eso lo saben los que dirigen los partidos políticos. Su laboro es dirigir personas y lograr que su partido político consiga buenos resultados dirigiendo la voluntad de los votantes hacia donde ellos consideran que debe ser el resultado.

Y como todos somos de nuestro padre y nuestra madre o de nuestros padres o nuestras madres, hay que buscar y estudiar  bastante para encontrar dónde coincidimos y dónde centrar el voto para que no te boten. Dura tarea. Dejaba escrito Baltasar GraciánVisto un león están vistos todos; vista una oveja, todas; visto un hombre, uno, sólo uno, y aún así, poco conocido.

Las personas somos cada vez seres más insatisfechos con todo y de todo. No se está conforme con nada y por nada. Y eso cansa. La queja se usa como forma de avance.

Os contaré que a lo largo de mi vida profesional me he topado con   situaciones de este tipo, que yo las calificaría de  inconformismo porque sí. Y está varado en nuestro tejido social y sobre todo en el laboral. ¿O es que no han escuchado al empleado que esta contento con su jefe y sus funciones, pero  se queja que le pagan poco? ¿O que, en cambio, en cambio le pagan mucho, pero siempre tiene que hacer los trabajos en la calle? ¿O se queja de que nunca sale? Y otros que disfrutan de buen sueldo, jefe, viajes, dietas, pero…vaya,  sus compañeros son unos petardos. Quejas y quejas que no deben –jamás– confundirse con la crítica. Bendita crítica.

La crítica siempre te ayuda a pensar. Como la crítica a estas letras, como la crítica a mi actividad profesional, la crítica a mi bastón, a mi forma de vestir, o a la forma de dirigirme a su señoría o a mis compañeros. Al fin y al cabo, crítica.

Y por quejas y críticas, los  mitinistas saben  y conocen que las personas antes de pensar, sienten. Así que estén por estas fechas dispuestos a sentir que sus candidaturas serán la solución a sus peros y también les solucionaran sus quejas.  Candidaturas que la mayoría la forman perfectos desconocidos que, al fin y al cabo, serán los que gobiernen lo que sea cuando les toque.

Tu voto,  el avance. Me gusta ese eslogan.06

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