Hoy lo complicado es encontrare a gente que no vaya en alguna lista para las elecciones del 24 de mayo. Qué maravilla de democracia. Por fin nos estamos dando cuenta de lo importante que es participar. Al menos participar en eso que se denomina  sufragio pasivo, pues del sufragio activo se está bastante flojito.

Si solo votaran el día 24 los integrantes de las listas, es decir, los    participantes del sufragio activo tendríamos  asegurada una gran asistencia en los colegios. Hay mucha vocación de servicio público que aparentemente estaba escondida.  Y  se nota en el cúmulo de trabajo que tienen  las juntas electorales.  Desbordadas con tantos y tantas, en las listas y formaciones políticas. Pluralidad, que es buena.

Pero esto de que todo el mundo se meta a zapatero y lo mismo te pone una suela que un remiendo en el tacón, tiene sus cosas. Y cuando no saben o no conocen, se soluciona con “rezar”  a San Google.  Este rezo  se hace con unos cuantos clics de ordenador o computadora –como dice Yasmine–; que este santo  lo sabe todo. A este paso las universidades harán pruebas de conocimiento y manejo de este buscador y santas pascuas. Todo arreglado. Cuánto sabe de derecho y de todo de  lo que se le pregunte este santo.  Igual te da respuesta para ese dolor de espalda o te dice cómo debes hacer la instalación de fontanería del baño. O, en nuestro caso, como ser concejal.  Así de fácil. Por lo que lo de zapatero a tus zapatos… con este santo  conocen  de todo  y se lo saben todo. Lo digo: ¡qué maravilla!

Pero en estos días plagados de sabelotodos electorales –créanme que el desconocimiento en estos jaleos es brutal–  reina a veces la ridiculez y el esperpento más absoluto.  No son pocas las anécdotas de las que he tenido conocimiento últimamente  y que se nos  han colado en el foro que unos cuantos profesionales mantenemos en el ciberespacio cada cuatro años.

Algunas son como las que les escribo ahora:

–¿Ejercerá usted el sufragio pasivo?

–¿Oiga que me está diciendo?

Y el don  o el mago –como diría mi amigo Andrés– le presenta una denuncia en el juzgado de guardia al funcionario de la Junta Electoral  por pensar que quieren impedirle ir en la lista y que le  voten.  En este caso,  el funcionario de la autoridad electoral le ha dicho que apareciendo en la lista estaba  ejerciendo el sufragio pasivo. “¿Pero cómo va ser eso?”, le espetó el candidato.

Cuando lo cierto es que no tenía ni la más remota idea de lo que era eso de sufragio pasivo. Y encabeza una lista. Manda narices. Más cosas:

–¿Oiga donde rellenan las listas para el partido?

–Mi cuñada, mi prima y yo nos queremos presentar y hemos oído que podemos.

Y termino con esta:

–Vengo a que me dejen ver los partidos que hay, quiero  apuntarme a uno y que me voten para ser concejal de vivienda.

Por todo, coincidirán conmigo que hoy la política en su vertiente activa y pasiva está mucho más cerca de los  habitantes y contribuyentes en este reino. Y eso es bueno.

En resumen, mientras que el derecho a sufragio activo se refiere a la capacidad de votar, de ir a poner la papeleta en la urna, el sufragio pasivo es la posibilidad de que  puedas formar parte de una candidatura y  presentarte a las elecciones  para ser elegido como representante de lo que corresponda en ese momento.

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