El pasado lunes, a eso de las 8:30, después de tomar café y haber grabado a eso de las 7:00 Los Lunes con Juan Inurria, esta vez me acompañaba una magnífica desayunante. Después de dejar a los niños en el colegio y pasado los atascos de todas las vías posibles para llegar, lo logré y logré también pasar el control para acceder al Palacio de Justicia e iniciar la jornada de salas de justicia y esperanzas en la misma.

Y lo que pasa en estos sitios es que las eternas esperas en los pasillos dan opción a la conversación entre compañeros. Por eso uno de ellos me planteó una cuestión que tenía que ver con uno de los artículos recientes que se publicaron en este sitio y que yo firmé. Pensé que mi interlocutor lo había leído y hasta lo di por sentado, con tantos detalles que ofrecía. No obstante, le agradecí que lo hiciera, que lo leyera. Aquí mi sorpresa cuando me responde:

-No, yo no lo he leído. Ya nadie lee. No sé ni para qué te molestas en escribir. Ahora lo ves en Youtube y no pierdes el tiempo leyendo.
Eso me entristeció profundamente, no que no me lean, sino que no lean, que nadie lea. Eso es terrible. Y parece cierto. Que cada vez se lee menos. Quizás por eso me acordé de mi amigo Jesús, que maneja el arte de la escritura. Jesús es escritor. Escritor de libros. Libros de esos que habitan en las estanterías de las librerías. Libros que se pueden tocar. Que son tangibles. Que son hasta de papel. Y este amigo escribe novelas. Menos mal. Quiero decir que no escribe libros de esos de autoayuda. Sí, me estoy refiriendo a esos libros que se venden en los aeropuertos, que te cuentan cómo ser el numero uno y que todo lo que sueñas se puede conseguir, y que todo es magnífico y que si compras su libro te transformas en un tipo súper feliz y de éxito? En fin? !Venga ya!

descubriendo la tele (3)

Queridos lectores -si es que hay alguno- algún día os invito a leer mi libro de autoayuda, donde el Rey es el número dos y los que triunfan son los tres y los cuatros. Pero, al grano, estoy hablando de mi amigo el escritor y su última novela. Porque tiene varias. La última la presentará en breve y trata sobre Roma. Yo, haciendo gala de sinceridad, os cuento que no me he leído ninguna, pero esta última si la voy a leer. Y para eso compraré el libro.
Estoy cansado de escuchar a las pulgas que se le pegan:


-Oye, regálame el libro. Me lo dedicas y así lo leo. Narices, a un amigo siempre hay que ayudarle comprándole sus productos. Hay que huir de lo otro. A ver cuándo lo entienden.

Y por eso de Roma, me ha dado por desempolvar algunas de las historias en las que yo trabajé cuando me dio por estudiar historia clásica, y en concreto Roma y su política. Y recuerdo el populismo que instauró Cayo Julio César, que aprendió que la benevolencia de la gente es tornadiza y debía de usar los juegos para que se inclinaran a su favor. Y no me queda más remedio que compararlo con lo que hoy sucede.
Aunque, afortunadamente, este César encontró un gran rival en la figura de Cicerón, el cual le predicó que no se debe tolerar un poder que pretenda hacerse superior a las leyes.

Y estimados lectores, si han llegado hasta aquí les diré que ya muchos han dejado de navegar con bandera de tontos. ¿Quizás será por leer?
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