En las letras que hoy dejo escritas considero oportuno entrar en el examen particular y desde mi punto de vista de los acontecimientos recientes que se suceden en una de las comunidades autónomas que conforman el conjunto del Reino. No voy a traer a colación conversación alguna, pero sí me basaré en las que he mantenido recientemente sobre los límites al ejercicio de los derechos en el ámbito del asociacionismo político, en la que se desenvuelve el marco normativo recogido en la Ley Orgánica 6/2002, de partidos políticos, que da perfecta cobertura a cualquier proyecto o ideología con la sola condición de que no se defienda mediante actividades o conductas vulneradoras de los principios democráticos o de los derechos fundamentales, según ha corroborado el Tribunal Constitucional, hace ya algunos años, y que ahora no tengo ganas de buscar la sentencia.

A muchos de los de las formaciones políticas que conforman el gobierno actual de Andalucía les gustaría ser del otro partido que ha votado a favor del cambio. Lo que postula esa formación política -con nombre de diccionario de EGB- y lo que defiende, son propuestas que, en los círculos cerrados, lo aclaman para sí las mismas formaciones políticas que lo atacan. La diferencia estriba en que unos lo dicen a pecho descubierto y otros no. La diferencia es que unos viven del chiringuito político y otros no. La diferencia es que la nueva formación política no está integrada -por ahora- por miembros que han sido barridos y botados de otros partidos y que han buscado el echadero en otro partido para seguir “mamando” de la teta. Y de eso también se harta la gente, el pueblo o los ciudadanos o ciudadanas, como quieran llamarlo.

Lo cierto es que me estreno el año hablando de este cambio que ha procurado la irrupción de una nueva formación política. Constituida al amparo de lo que nos dictan las normas actuales, en concreto la Constitución Española y copio aquí el artículo magno que dicta:

“Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”.

Primero, quiere trasladar ese precepto que esas formaciones expresan el pluralismo político, que existe en este Reino, cada vez más plural. Segundo, me habla de que esas formaciones concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular. Por eso entiendo que se ha formado y se está manifestando una voluntad que es partidaria de que ciertas cosas cambien, que no vale todo y que ya se ha llegado a un límite, que solo debe existir una sola vara de medir y que se llama “todos somos iguales ante la Ley” y que no siempre deben pagar los mismos. Y, por último, este apartado articular nos dice que los partidos políticos son instrumento fundamental para la formación política. Es decir, que debo usar una formación política para ser escuchado en los foros parlamentarios planteando las propuestas que defiendo. Y si no lo hago, lo hacen otros con los resultados que hoy tenemos. Y hasta aquí ha llegado la paciencia, que también tiene un límite.

Ese artículo 6 de la Constitución nos recuerda que la estructura interna y funcionamiento de los partidos, “deberán” ser democráticos. Aquí el “deberán” es muy importante, pues no es una imposición. Aclaro por mi parte que de las formaciones políticas que he conocido, este “deberán” es un verdadero brindis al sol. Lo cierto es que la estructura del partido es posible que fuere más o menos democrática, pero el funcionamiento? Eso es harina de otro costal y objeto de otro artículo futuro.

Así que, si no se está conforme con la política que se lleva a cabo participen para cambiarla, solo es necesario un instrumento que se llama partido político, si hay alguno que coincida con vuestra voluntad pues al lío y si no a formar uno con semejantes que opinen y defiendan lo mismo o coincidan en mucho contigo. Después hay que buscar algún que otro seguidor -siempre hay cuñados- concurrir a las elecciones para poder entrar en las instituciones y formar parte de los debates y donde se hablara como nos podemos gobernar todos, dentro del máximo respeto.

Y la falta de respeto es lo que pretenden dar visión de normalidad y hasta cool -como diría mi amigo D. Emilio-.

Lo aberrante y descabellado es la implicación personal de los malos perdedores que ha ido más allá de sus propias formaciones políticas. Hay que recordar que la presidenta que perdió se ha implicado promocionando movilizaciones. Incluso ha incitado a participar en las protestas, usando la victimización de derechos supuestamente en peligro con la llegada del nuevo Gobierno andaluz.

Juan Inurria – Abogado

Puede leer el artículo completo desde el siguiente enlace:

https://www.laopinion.es/opinion/2019/01/23/participen-cambiarla/946867.html

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