Quiero disculparme ante mis lectores. Hace unos días que estoy recibiendo  correos y WhatsApp en los que me preguntan el motivo por el cual  no hay artículo nuevo. La responsabilidad es solo mía y asumida queda. Pido disculpas y reitero una y mil veces. Pero como decía don José Ortega y Gasset, “yo soy yo y mis circunstancias”. Y digo yo que  a veces las circunstancias pueden mas que la voluntad. Dicho está. Mi disculpas y mis agradecimiento a todos los que se molestan en leer estas letras.

Al grano. Hace unos días recibí una amable invitación  por parte de una dama, rectora la Universidad Europea. En este caso  era para acudir a un foro universitario, entre líderes empresariales, miembros de las instituciones y otros participantes de interés –también   jóvenes estudiantes–, que son la materia prima de cualquier sociedad sana.

El título del evento sugería interés: “Jornadas de juventud y empleo”.

Magníficos ponentes y oratoria excelente –de algunos– y como estamos en jornada electoral, en las intervenciones públicas se coló algún “vótame a mí que soy más chachi” . No era el momento ni el lugar, pero de aprovechados esta esto lleno. En fin.

Sorprendente cómo algunos intervinientes que han tenido responsabilidades políticas de alto nivel daban  fórmulas mágicas. Esas mismas fórmulas que no aplicaron cuando se sentaban en la silla curul de la educación en Canarias. Cosas de la cara, en este caso, dura.

En ese foro se habló mucho de   talento. Que es eso que no hace falta para ejercer política, ni para ejercer cargos de responsabilidad, ni para que seas asesor de, ni para dirigir la mercantil que deja la cuna. Pero que es esa cualidad –el talento– que a la inversa ellos mismos te suelen pedir  para poder optar a un trabajo. Es así.

También se mostró el éxito, la opulencia y la grandeza de las empresas, pero en modo alguno –entiendo– era el fin del foro estudiantil. Que son ellos –los jóvenes– el vivero del futuro y que son ellos los que generarán riqueza; y que esa riqueza servirá para que sigamos adelante en este territorio. Así que vamos a  generarla desde aquí y para fuera y no a la inversa.

Lo cierto es que se mostró  el poder que tienen los triunfadores empresarios  sobre los que no tienen nómina y que con pasión todo se consigue. Al menos eso nos dijo el gurú.

Aunque hoy me quedo, de entre todas las exposiciones e intervenciones doctas, que tamizaba el moderador, Campo Vidal, con la sugerida por un miembro de la mesa, cuya fundación trata la pobreza; a saber:

“Hay que   romper las cadenas hereditarias de la pobreza”, dijo.

Y a mí, que me encanta romper cadenas, me hizo pensar y aplicar estas palabras a la idea del foro. Pienso que lo que hay que romper son las cadenas hereditarias del mercantilismo empresarial para así oxigenar y potenciar la sociedad con verdaderos talentos.

Y esta fue la primera idea que me vino a la cabeza: descanse en paz el que la herencia deja –nada que decir sobre la herencia patrimonial, pues le corresponde a sus herederos, per se–,  pero no a toda astilla le gusta, o hace bien, lo que hacia su palo, o tiene talento  para ello. Pero esta es una cuestión que viene desde la Edad Media, con los gremios y, pese al tiempo sigue viva. Que por cuna, linaje y familia te encuentres con esta cadena.

Así que pienso que, en algunos casos, si se rompiera el nepotismo empresarial se daría opción a la entrada de nuevo capital humano y de talentos bien formados.

Por eso muchos talentos se marchan y rompen la cadena de la pobreza. Aquí sigue funcionando el “¿tú de quién eres?”, como dictaba la canción ochentera de “No me pises que llevo chancas” –o cholas que es más nuestro–. Así que romper la tradición de las cadenas hereditarias… suena bien. Todo lo que sea romper cadenas ya es bueno.

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